Iba a escribir de algo pero
me olvidé completamente de qué. Hoy estoy floja de inspiración.
Respetando nuestro trato
implícito de no vernos hasta que resulte necesario. Lo que también podría ser
nunca, dada la relatividad de las cosas. 'Sé que no me nómbras y sin embargo te escucho'. A mí me gusta pensarlo un poco más como un casual. A
veces me despierto y siento ganas irracionales de escuchar alguna cosa. Una
frase de una canción conocida me resuena y me lleva a sintonizarla al toque,
así sin más, sin fundamento; lo que después
deriva en algo nuevo que valía la pena conocer o se transforma en la banda
sonora de un estado de ánimo que debía atravesar. Como el de ahora, que es
sábado a la noche y la calle está estallada y yo en mi casa escribiendo
escuchando Chopin.
Anoche con mi sobrina
bailamos ballet. Nos quedamos solas y me pidió un vestido, que le prendiese un
collar mío y labial para pintarse. Nos empolvamos con brillo, le até el pelo en
rodete y empezó la magia. Fue fascinante verla ser libre, empoderada en sus pasos,
sus saltitos, su flexibilidad. Le pregunté si le gustaría ir a clases y me dijo
que no, que antes iba pero dejó porque el lugar era chiquito. Una mentira
camuflada, me sorprendió cómo desde los cinco años aprendemos a disimular. Lo
que estaba disfrutando era ser ella, bailar y sentirse liberada, lejana de todo
su mundo diario de expectativas y valoraciones. La sentí una amiga, una amiga
diminuta que quiso venir a verme, desde lejos, para estar sola conmigo. Pero nos
tuvimos la una a la otra y, sobre todo, a nosotras mismas. Qué halago pensar que una niña pueda ver en mí
una manifestación de la libertad, una subversión de su vasto infantil universo.
Después de todo, quizás no estoy haciendo tan mal las cosas.

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