martes

profanaciones

No hay nada más simple y humano que desear. ¿Por qué,
entonces, precisamente nuestros deseos nos resultan inconfesables?
¿Por qué nos es tan difícil volcarlos en palabras?
Tan difícil que terminamos por tenerlos escondidos; construimos
para ellos, en alguna parte de nosotros, una cripta
donde permanecen embalsamados, en espera.

No podemos volcar en el lenguaje nuestros deseos porque
los hemos imaginado. La cripta contiene en realidad solamente
Imágenes, como un libro de figuritas para chicos que no saben
todavía leer, como las images d'Epinal de un pueblo analfabeto. 
El cuerpo de los deseos es una imagen. Y lo que es
inconfesable en el deseo es la imagen que nos hemos hecho.

Comunicarle a alguien los propios deseos sin las imágenes
es brutal. Comunicar las propias imágenes sin los deseos es
fastidioso (como contar los sueños o los viajes). Pero fácil, en
ambos casos. Comunicar los deseos imaginados y las imágenes
deseadas es la tarea más ardua. Por eso la postergamos. Hasta
el momento en que comenzamos a entender que permanecerá
aplazada para siempre. Y que ese deseo inconfesado somos nosotros
mismos, para siempre prisioneros en la cripta.
Agamben

be my, be my berlin

y aunque te resistas y me bloquees las vías directas de llegada
voy a hacer un puente aéreo para llegar a la parte de tu corazón que me está esperando
y necesita
suministros básicos, alimento, combustible

para seguir funcionando