viernes

abril, 2020


El silencio abruma
la realidad pasa a tener otra dimensión,
antes podía distraerme de mis pensamientos sumergiéndome en la cotidianeidad de charlas escuchadas al pasar , música de la calle o el movimiento de las cosas, los autos y las personas.
Ahora más que nunca mi cabeza es la protagonista y los escenarios que veo 
- pulcros, vacíos, callados-
 amplifican por mil las dimensiones de mi universo mental

o capaz las reducen
el tiempo queda como varado
quieto
el sonido enmutecido; 
los entornos conocidos se vuelven una especie de fotogramas con un poco de movimiento o escenografías preciadas.

Más bien es eso, la ciudad se me aparece como una sucesión de bellas y también tristes escenografías que me representan tanto que no puedo asimilarlo tan nítidamente y quedo súbitamente pasmada, 
a la vez de encanto y de terror.

Despojados del tiempo tal y como lo conocimos, 
los espacios 
se resignifican.

miércoles

noviembre

El findesemana alguien me vió mirarte y le hablé de todos los poemas que te había escrito pero que, por razones conocidas, no podía mostrar ni mostrarte. Me aconsejó que los guardase, que total los poemas, como el whisky, se ponen mejor con los años; que algún día los voy a poder mostrar y van a ser aún mas hermosos. 

.


Iba a escribir de algo pero me olvidé completamente de qué. Hoy estoy floja de inspiración.

Respetando nuestro trato implícito de no vernos hasta que resulte necesario. Lo que también podría ser nunca, dada la relatividad de las cosas. 'Sé que no me nómbras y sin embargo te escucho'. A mí me gusta pensarlo un poco más como un casual. A veces me despierto y siento ganas irracionales de escuchar alguna cosa. Una frase de una canción conocida me resuena y me lleva a sintonizarla al toque, así sin más, sin fundamento; lo que  después deriva en algo nuevo que valía la pena conocer o se transforma en la banda sonora de un estado de ánimo que debía atravesar. Como el de ahora, que es sábado a la noche y la calle está estallada y yo en mi casa escribiendo escuchando Chopin.

Anoche con mi sobrina bailamos ballet. Nos quedamos solas y me pidió un vestido, que le prendiese un collar mío y labial para pintarse. Nos empolvamos con brillo, le até el pelo en rodete y empezó la magia. Fue fascinante verla ser libre, empoderada en sus pasos, sus saltitos, su flexibilidad. Le pregunté si le gustaría ir a clases y me dijo que no, que antes iba pero dejó porque el lugar era chiquito. Una mentira camuflada, me sorprendió cómo desde los cinco años aprendemos a disimular. Lo que estaba disfrutando era ser ella, bailar y sentirse liberada, lejana de todo su mundo diario de expectativas y valoraciones. La sentí una amiga, una amiga diminuta que quiso venir a verme, desde lejos, para estar sola conmigo. Pero nos tuvimos la una a la otra y, sobre todo, a nosotras mismas.  Qué halago pensar que una niña pueda ver en mí una manifestación de la libertad, una subversión de su vasto infantil universo. Después de todo, quizás no estoy haciendo tan mal las cosas.