-Miró su celular, como con desgano, más por notificarse de
posibles deberes pendientes que buscando
regocijo. Clavó la mirada unos segundos. En el telefonito, después en la nada.
Algo por dentro le sonrió.
- ¿En qué colgaste? le preguntó ella.
- En que ojalá aceptara mi humilde y secreta invitación a
descubrir todos los misterios del mundo, el universo y la mente humana, conmigo.
-O a sacar la reposera a la vereda, una tardecita, tomando
mate. Me retrucó.
