el viento en la cara de nuestras bicicletas ligeras que suben y bajan bordeando al río
que nos deja nadar profundo, hasta los barcos
reinas blancas de la arena o
princesas sobre el pasto mirando las estrellas
que desayunan y meriendan pobres
bajo la sombra rica del árbol
de un patiecito escondido
como nosotras
como la casa de la calle Solís y la música que nos trajo la amistad mas cálida del mundo
y recorridos misteriosos
al bosque
que es lago y es pececitos
que se pierden en nuestros pies
como ahora las figuras sobre el cielo que miramos fijas para no sentir el frío de la ruta que nos trae del más lindo atardecer
y caminamos sin mirar a ningún lado
porque ellos siempre nos cuidan
disimulados
como nosotras a los muñequitos de lata
sobre esa vidriera que siempre duerme la siesta.
jueves
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