viernes

abril, 2020


El silencio abruma
la realidad pasa a tener otra dimensión,
antes podía distraerme de mis pensamientos sumergiéndome en la cotidianeidad de charlas escuchadas al pasar , música de la calle o el movimiento de las cosas, los autos y las personas.
Ahora más que nunca mi cabeza es la protagonista y los escenarios que veo 
- pulcros, vacíos, callados-
 amplifican por mil las dimensiones de mi universo mental

o capaz las reducen
el tiempo queda como varado
quieto
el sonido enmutecido; 
los entornos conocidos se vuelven una especie de fotogramas con un poco de movimiento o escenografías preciadas.

Más bien es eso, la ciudad se me aparece como una sucesión de bellas y también tristes escenografías que me representan tanto que no puedo asimilarlo tan nítidamente y quedo súbitamente pasmada, 
a la vez de encanto y de terror.

Despojados del tiempo tal y como lo conocimos, 
los espacios 
se resignifican.

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