viernes

un sueño

Pronto habría una fiesta de disfraces, así que nos alegramos al encontrar casualmente una tienda de disfraces y trajes usados regenteada por un viejo que mucho esfuerzo no hacía por controlar el lugar. Nos separamos para robar mejor, para tener más chance. Nunca lo había hecho y sentí adrenalina mezclada con seguridad, como una certeza de que algo iba a llevarme porque ellos, los que estaban conmigo, siempre lo hacían.
Sólo pude guardar en mi bolso un pañuelo grande, con una estampa hermosa y extraña. Tenía muchas ganas de admirar mi premio pero tenía que disimular. Me escapé por atrás, por las plantas, volví como si nada a reencontrarme con ellos. Ella no había podido sacar nada, y me extrañó bastante. De él no sé porque nunca se sabe, pero siempre está como triunfante.
No sé qué hacíamos en ese círculo ella, él y yo. Como que llegué tarde, ya estaban sentados en ronda leyendo una especie de cosas infantiles. No eran infantiles pero las leían como si lo fueran. Me tocaba a mí y no tenía nada para leer, así que improvisé cantar una de mis antiguas canciones pero me salió horrible. Justo que él había dicho que se acordaba o la conocía de antes!
Pero de repente cambia y estoy tras las cámaras de un rústico programa de denuncia feminista, improvisado en la calle,  ayudando a sostener una bandera. Ahí estaban Pame, Sol y algunas de las chicas. Me enfocaban las luces pero yo no sabía que decir, era otra la persona encargada de dar el mensaje. Me extrañó mi vergüenza o mi falta de interés.
Reaparece él, con los chicos de las bandas –recuerdo a Víctor- subíamos escaleras o íbamos hacia algún lado.  La onda era el vaguear. Se llegó, no recuerdo a dónde. Pero hubo bandas y yo no las vi.
Después un cuarto hermoso e inmenso que compartía con Lú. En algún momento aparece una novia y yo era feliz. Después no sé. Me desperté.

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