lunes

albertiana



Creo en mis domicilios
en mis actuales y en mis precedentes
Si viese ud. que bellos son mis domicilios
seguro se vendría a vivir en migo, con ellos

y cuando hablo de mis domicilios, digo
los refiero a todos
el domicilio en que vivió mi familia antes de mí,
aquel en que se creó la idea de familia en la que luego iba yo a existir,
en el que nacieron las personas que serían capaces de concebir una idea de familia en la que luego iba yo a existir, y así

el secreto que le tengo es que a todos mis domicilios los elegí yo:
fui yo quien decidió nacer en determinado momento de un año específico de tal época en la vida de mi familia
yo elegí, ante todo, donde ser domiciliada
y  así lo seguiré siendo.

y si no todo lugar donde se habita es domicilio
la vida es entonces eso que transcurre entre domicilio y domicilio
uno es por tanto esclavo de los cambios, o bien de los domicilios, que viene al fin a ser la misma cosa
y si ud. siempre habitó en el mismo sitio entonces piénselo:
a su vida le falta algo ,su segundo domicilio.
porque yo al próximo mío ya lo tengo bien pensado y visto de reojo
si para cuando yo tenga la plata la gente que ha de vivir ahí ya tiene que haber muerto
y los herederos seguro no lo va a querer tanto como para quedárselo
o al menos no tanto como al dinero que nosotros vamos a juntar para tenerlo, y cuentas de ese tipo..

pero vea, la cosa se complica si uno tiene varios domicilios en vista
porque ahí no se sabe si llegar a uno o al otro
o a cual primero o si los dos a la vez
entonces la vida – ese tremebundo lapso que habita entre los propios domicilios- se pierde en numeraciones a las que uno nunca se decide en querer llegar

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